Historia Aymara
Por “pueblo aymara” entendemos al conjunto de individuos que tienen como lengua materna al aymara y también a las personas y grupos que claman para sà su identificación como aymaras. No existe un subgrupo étnico exclusivo del aymara y recÃprocamente el lenguaje aymara no puede ser considerado una exclusividad de ningún subgrupo étnico. Esto porque diferentes subgrupos étnicos tales como los Qullas, Lupaqas, Qanchis, Carangas, Lucanas, Chocorvos, Chichas, etc. hablaron aymara desde tiempos pre-incaicos hasta siglos post-incaicos. Geográficamente estos grupos estaban asentados en diferentes lugares de los actuales departamentos de Lima, Ica, Huancavelica, Ayacucho, Arequipa, Apurimac, Cuzco y norte de Puno, zonas de Cochabamba y Potosà localidades, hoy, de habla quechua. Los apellidos Mamani y Quispe, linguÃsticamente son de indiscutido orÃgen aymara y son de los más numerosos en diferentes regiones andinas e inclusive urbes del Perú, Bolivia, y Chile. Sin embargo por el proceso histórico de avance del quechua y castellano sobre el aymara muchas personas con estos apellidos claman por una identidad quechua antes que aymara. Otros ni siquiera eso, planean, si no lo han hecho antes, cambiar Mamani ó Quispe por un apellido europeo.
Básicamente, existen tres corrientes teóricas explicando el origen geográfico de la lengua aymara; a) en el altiplano del Titicaca (teorÃa localista del aymara altiplánico), b) en los andes centrales del actual Perú, c) en el norte del actual Chile. La versión localista es conexa con el estado Tiwanaku sosteniendo que el aymara convivÃa con las lenguas pukina y uru/chipaya, siendo el pukina la lengua de mayor prestigio hablada por la clase gobernante. El principal exponente de esta teorÃa es el arqueólogo norteamericano Alan Kolata. Cualquiera que sea la veradad sobre la lengua de Tiwanaku, un recuento de la discusión sobre el origen lingüÃstico, étnico e histórico de los constructores de la ciudad de Tiwanaku comienza con Cieza de Leon, el primer europeo a documentar sus observaciones de esta región, en el siglo XVI. Cieza de Leon recoge versiones de los aymaristas pobladores de la época señalando que Tiwanaku fue una modelo y las ruinas de Tiwanaku fueron siempre un lugar sacro dentro del estado Inca. En el siglo XVII Bernabé Cobo observa, y luego publica, que el nombre aymara de Tiwanaku es Taypi Qala (La piedra central). Despues de esto Tiwanaku fue olvidado por los estudiosos y cronistas, posiblemente solo saqueadores lo tengan frecuentado. Con el adviento de las repúblicas la destrucción y abandono de Tiwanaku por parte del estado e iglesia bolivianas se dió hasta los primeros decenios del siglo XX. Miles de piedras de Tiwanaku fueron usadas para construir edificios y templos de las localidades próximas. En esas circunstancias llega a Bolivia A. Posnansky a quien se debe mucho de la fama de Tiwanaku. De manera radical, Posnansky lanza su teorÃa de Tiwanaku como siendo la cuna de todas las culturas de la América pre-colombina. Sin embargo según esta teorÃa los actuales indios aymaras no pueden ser descendientes de los constructores de Tiwanaku una actitud preconceptuosa, muy del agrado de las autoridades y élite bolivianas. Como resultado de esto en los textos escolares no se menciona ni siquiera como remota posibilidad que la inmensa mayorÃa de amerindios bolivianos sean los orgullosos descendientes de los constructores de Tiwanaku cuyas ruinas son reconstruidas en nombre de una discutible restauración.
Kolata sostiene que la razón fundamental del fin del estado Tiwanaku fueron las variaciones climáticas relacionadas con el recientemente estudiado fenómeno “El Niño”. Posibles sequÃas de varios años de duración podrÃan haber destruido a este estado altiplánico cuya economÃa, como de todos los pueblos andinos antiguos, estaba basada en la agricultura.
Después de la decadencia de Tiwanaku surgieron otras sociedades aymaras, polÃticamente organizadas, siendo los más importantes los reynos Lupaqa, y Qulla. Los Incas sin ninguna distinción denominaron por Qullas a todos los aymaristas y también todo este territorio junto con las tierras mas australes pasó a ser el Qullasuyo. Pedro Cieza de Leon acentúa estas denominaciones denotando por meseta del Collao a la meseta del Titicaca y, también, denotando por Collas a todos los aymaristas (Cap. XCIX de Crónica del Perú). No hay consenso sobre la manera en que habrÃa sido la conquista de los territorios aymaras por el imperio Incaico. Unos sostienen que los incas anexaron pacÃfica y respetuosamente a los aymaras para luego asimilar su cultura, una analogÃa de lo que los griegos fueron para los romanos. Sin embargo, otros sostienen que hubo cruentas guerras para la conquista del territorio y estados aymara, y que durante el dominio inca hubo bastantes rebeliones. Cualquiera que sea la verdad, los incas no consiguieron imponer el quechua sobre el aymara, por lo menos nó en la meseta del Titicaca. Cerron Palomino sostiene que en realidad la lengua de los gobernantes Incas era el Aymara. La expansión del quechua en el Qullasuyu es post-conquista española. La conquista española del imperio de los Incas se inicia cuando 150 aventureros españoles supuestamente invitados del Inca Atawallpa lo engañan y lo toman rehén. Como la sociedad teocrática de los incas atribuÃa a su gobernante poderes divinos, los otros lÃderes del imperio tardaron a comprender la crÃtica situación de su monarca. Esta inconsciencia es la única causa que puede explicar razonablemente el porque no fue movilizado de manera rápida, como correspondÃa, el poderoso y numeroso ejército imperial en aras del rescate de Atawallpa. En ese entretiempo de varios meses, entre la captura y la muerte del Inca, estos pocos españoles fueron capaces de comprender las pugnas entre la diversidad de pueblos que estaban bajo el dominio incaico y de esa manera ganar aliados entre éstas naciones que veÃan a los españoles como sus liberadores del imperio. Después de matar al Inca, los españoles contando con el respaldo militar y logÃstico de millares de nativos, rebeldes al dominio inca, fueron practicamente invencibles en los momentos decisivos de esta guerra de la conquista. BastarÃan pocos años para que éstos aliados nativos se arrepientan de su fatal error. Pero ya era muy tarde, el imperio estaba destruido y todos sus pobladores, inclusive estos aliados, reducidos a condiciones subhumanas. Durante la colonia el
status de los aymaristas y todos los otros nativos fue peor, inclusive, a la de los esclavos africanos pues éstos últimos tenÃan algún valor en dinero mientras que la “indiada” se podÃa obtener gratis. Millones de aymaristas y otros indÃgenas murieron, forzados por los encomenderos que contaban con el consentimiento de las autoridades polÃticas y eclesiásticas españolas. Esta matanza alcanzó las mayores cifras en las minas de Potosà cuya riqueza de plata fue despilfarrada, entre otras cosas, en la llamada “armada invencible”. Este fue un verdadero genocidio por el que hasta ahora los descendientes de los antiguos nativos andinos claman una declaración formal de arrepentimiento y disculpas, tal como aconteció en Brasil en abril del 2000.
Después de la batalla de Ayacucho en 1824, que fue la última de la guerra de independencia, todos los territorios habitados por los aymaras estaban en el seno del territorio peruano. Pero un año después, en 1825, lÃderes de la región del Alto Perú, motivados por intereses personales y el centralismo limeño, deciden que esta ex-audiencia se convierta en la nueva república de Bolivia. El lago Titicaca y los aymaristas fueron separados en dos partes perteneciendo cada una a diferentes paÃses. Años más tarde estalla la guerra del PacÃfico que enfrentó Chile contra Perú y Bolivia. Como las batallas decisivas de esta guerra estuvieron geográficamente enmarcadas en los antiguos territorios de los Lupaqas y Qollas se puede deducir la alta cuota de sangre aymara derramada en esta guerra que ha carecido de cualquier sentido para el pueblo aymara. Chile ganó esta guerra y con eso conquistó importantes territorios salitrero/cuprÃferos de Bolivia y Perú que mayoritariamente eran poblados por aymaristas. De esta manera intereses ajenos fueron los que los separaron a los aymaristas en los senos de tres repúblicas diferentes.
La independencia de España, de los paÃses sudamericanos, en poco o nada mejoraron la condición de los aymaristas y otros nativos. Es más, algunos historiadores sostienen que su situación empeoró. Hasta recientemente la práctica del pongaje era una forma sutil de esclavitud en las casas de los ricos gamonales de Bolivia y Perú. Estimativas actuales sostienen que el 80% de los 1.6 millones de aymaristas estén viviendo en las ciudades desempeñando actividades económicas informales y periféricas. El 20% restante vivirÃan en el medio rural laborando en la pequeña agricultura y pastoreo en las peores condiciones de miseria. Como los castellano hablantes de las urbes son intolerantes con las lenguas nativas, un aymarista es forzado a aprender el español y consecuentemente ocultar su idioma materno hasta a sus propios hijos que por lo general solo hablan español. Esto resulta en la alta tasa de decrecimiento de los aymara hablantes que amenaza con la extinción del aymara como lengua viva.
Durante casi todos los años del siglo XX siempre existieron personajes y organizaciones que se decÃan representativas de los aymaras. La poca confianza/entusiasmo que consiguieron despertar es porque los lÃderes de estas organizaciones casi siempre abandonaron a sus representados una vez que ellos obtuvieron beneficios para sà propios. Pese a todo esto, debemos reconocer a algunos lÃderes aymara que han realizado un trabajo honesto y entusiasta por la causa aymara. Las voces de ellos demandando el reconocimiento de la los valores del pueblo aymara, el respeto por la identidad y lengua, hacen que el “PachaKuti” (tiempo de vuelta) se transforme de una lejana esperanza en algo factible. Este movimiento que se nota en muchos documentos y sitios esparcidos por Internet, nos permite afirmar que el revigoramiento de la lengua y cultura aymara parece tornarse una bella realidad. Puede ser que esté comenzando un nuevo capÃtulo en el libro de la historia del pueblo aymara.

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